A un año de ‘Odile’, el huracán más devastador que tocó tierra en BCS

Desde la incomunicación a la falta de servicios, pasando por la "rapiña", el huracán habrá de ser recordado mucho tiempo los sudcalifornianos
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La Paz, Baja California Sur (BCS). Con cifras exorbitantes en pérdidas económicas, una amplia movilización de dependencias a nivel nacional, y un impacto sicológico sin precedente experimentado en los habitantes de la media península, por mucho tiempo ha de quedar grabado en la memoria el paso del huracán Odile en Baja California Sur, sin duda, uno de los eventos hidrometereológicos más fuertes de las últimas décadas y el más devastador en tocar tierra. Hacia la la tarde del 14 de septiembre de 2014, los sudcalifornianos aún no sabían la catástrofe que se avecinaba, y que llegó, las últimas horas de ese día y durante días siguientes.

El 30 de septiembre de 1976, el huracán Liza dejó una profunda huella en los sudcalifornianos, cuyo número total de cadáveres nunca fue establecido oficialmente, hablándose desde mil a 10 mil. Casi cuarenta años después, BCS vivió un huracán de proporciones inmensas que dejó menos de 10 muertos —extranjeros en su mayoría–, y algunos meses para restablecer las comunicaciones y los servicios más imprescindibles en todo el estado.

El 4 de septiembre se detectó apenas como una zona de baja presión en el Pacífico Mexicano, y para el 13 de septiembre ya era huracán categoría I. El fenómeno, como suele pasar en estos casos, fue errático, y no se percibía su magnitud y alcance, de tal modo que en Palacio de Gobierno en la capital del estado, la noche del 14 de septiembre se tenía todo preparado para dar el «Grito de Independencia» cuya suspensión se anunció ese día que las reuniones de Protección Civil entraron en su fase más fuerte.

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Casi a la medianoche del 14 de septiembre, Odile tocaba tierra en Los Cabos como categoría III, con vientos de hasta 250 km/hr. Su trayectoria subió a lo largo de BCS para concluir en Sonora. En las primeras horas del 15 de septiembre, el huracán había devastado prácticamente a todo el estado, y las personas «sabían» lo que alcanzaban a ver con sus propios ojos en los alrededores de su casa, pues se cortó todo tipo de comunicación: sin telefonía, ni Internet, pero también sin ni luz, ni agua, sin partes de los materiales de su vivienda… Y esto apenas comenzaba.

Los servicios básicos tardaron mucho tiempo en restablecerse a lo largo y ancho del estado. En las principales ciudades como Los Cabos y La Paz, varias colonias pasaron semanas sin agua ni luz –de las comunidades al norte de BCS, prácticamente se supo tiempo después. Filas y filas se extendían para comprar garrafones de agua a precios incontrolados, o productos en tiendas que se vaciaban rápido o se les echaron a perder sus productos. Quedaron varados en los aeropuertos decenas de miles de turistas –sólo en San José del Cabo, se contabilizaron 30 mil–. Incontables árboles fueron despedazados, arrancados de raíz y caídos sobre viviendas, que juntos con los cables de postes, formaron impenetrables telarañas urbanas.

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El fenómeno de la «rapiña» se hizo presente principalmente en Los Cabos.  La gente entraba a las grandes cadenas comerciales y las vaciaron de todo tipo de productos, desde televisiones hasta refrigeradores –y bebidas embriagantes, en cantidades impresionantes. A la par de estos demanes, en las noches en Cabo San Lucas y San José del Cabo se organizaron barricadas de vecinos para protegerse de grupos que aprovecharon el caos y la falta de vigilancia para robar. En La Paz, se desconoció si la oleada de ejecuciones iniciada mes y medio atrás, continuaba. Y es que a falta de luz e Internet, prácticamente no hubo medios locales: la gente informaba cosas, mezcladas entre los datos duros y las leyendas, porque a falta de celulares, «regresaron» las pláticas de persona a persona.

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Los reclamos a las aseguradoras por Odile fue de alrededor de 16 mil millones de dólares, considerada el año pasado la cuarta catástrofe más cara del mundo. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) aseguró que fue el peor desastre enfrentado, con 2,894 postes de luz y 534 torres de transmisión con pérdidas totales. Movilizados en más de 2200 vehículos, más de 6 mil trabajadores llevaron la reincorporación del servicio, y fueron recibidos como héroes por el pueblo sudcaliforniano. El presidente Enrique Peña Nieto, junto con secretarios federales, arribaron a BCS y pusieron en activación un programa de recuperación que permitió levantarse al estado de uno de sus catástrofes naturales más impactantes de su historia.

Fotos: Archivo


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