Asaltaron y asesinaron, en La Paz; cumplieron su condena, y hoy son universitarios becados

Lo que hicieron, les cambió la vida, aseguraron; ahora, buscan reintegrarse
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La Paz, Baja California Sur (BCS). El Centro de Internamiento y Tratamiento para Adolescentes (CITA), – antes Tutelar – en La Paz, ha logrado que 2 jóvenes, quienes a la edad de 14 años, cometieron el delito de Homicidio Doloso, pudieran terminar la secundaria y la preparatoria; y ahora, iniciarán sus estudios universitarios con una beca del 100%; uno en la carrera de Derecho, y el otro, en Psicología, logrando superarse a sí mismos. Por cuestiones de seguridad se decidió guardar sus identidades, por lo que omitiremos sus nombres reales, llamándolos Ricardo y Ernesto.

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Ricardo narró cómo fue su vida antes de cometer el delito, donde destacó que tuvo una infancia con la ausencia de sus padres, quienes se habían separado tiempo atrás, y decidió vivir con su padre, pero pasaba muy poco tiempo con él; desde la primaria, junto con sus amigos, comenzó a probar las drogas y cometer algunos delitos menores.

“Antes estábamos unidos, mis 2 hermanos, mis papás y yo; pero, a la edad de 12 años se separaron, y yo desde los 10 u 11 ya tenía conciencia de que eso podía pasar, y pues sentía que el mundo se me venía encima, porque yo quería estar con mi familia. Cuando se separaron, yo me quedé con mi papá, y como él trabajaba, me dejaba mucho tiempo solo; en la primaria me empecé a juntar con los que vivían cerca de la casa, y ahí probé la mota, pero no la volví a probar hasta que entré a la secundaria, donde me junté con unos 4 igualitos a mí; y yo siempre me agüitaba porque mi familia no estaba unida, ya que no es lo mismo verlos ciertos días a que estén ahí cerca de uno y te den ánimos todos los días […] La verdad yo no le echo la culpa a las amistades y a nadie, porque yo ya tenía un grado de conciencia de lo que hacía, de qué estaba bien y lo que estaba mal, yo no podía decir ‘yo no sabía lo que hacía’, lo que sí no sabía era que a mi edad me podían detener, que te daban una sentencia y se llevaba todo un proceso”.

Por su parte, Ernesto, dijo: “Pues yo estudiaba la secundaria, y era un alumno regular, e igual, no culpo nadie de lo que hice, sino que me empezó a gustar el lado de la calle y me empecé a juntar con otros compañeros, también me drogaba, y así, hasta que se dieron las cosas y cometí el delito. Muchos me preguntan qué sentí, y yo digo que no se siente nada, o sea, no vas a sentir un tormento en el pecho, de que no vas a vivir por la conciencia. Sí, lo hice, y pues si me arrepiento, lloro o pataleo, no lo voy a revivir”.

Ambos jóvenes comentaron que tuvieron motivaciones personales para cometer los delitos; Ricardo por tener mejores cosas; y Ernesto, para demostrar que él podía ser alguien a quien otros podían respetar.

“Lo mío fue un atraco cuando cometí el acto, no andaba drogado ni nada, andaba normal; yo quería tener dinero, verme bien, decía que por qué yo no tenía dinero; y asalté a un señor de 45 años, primero le disparé en una pierna, pero como vi que le dolía, le volví a disparar para que ya no sufriera; y pues la verdad, en ese momento no sentí nada; yo quería alimentar mi ego, a mi corta edad ser independiente; pero ahora, lo hago en la educación y en estar bien”, detalló Ricardo.

En el caso de Ernesto, el joven contó: “Conmigo fue por dos cosas; la primera, porque tengo un hermano que era respetado en el mismo barrio, y pues, para mí era como un dios, y quería ser como él; y segunda, porque dije, y yo por qué no puedo hacerlo. Yo vigilé a un señor de 43 años, por dos días, lo que hacía, hasta que pude identificar sus horarios donde estaba solo y no tenía comunicación con nadie; llegué y le di dos navajazos, le perforé una costilla y un riñón, le quité como 30,000 pesos en efectivo y tarjetas; lo amarré, lo torturé, hasta asfixiarlo”.

Una vez detenidos por el Ministerio Público, fueron internados en el CITA, y ahí tuvieron que adaptarse al lugar, a un cuarto de 2 por 1.5 metros; y, aunque al principio no se sentían motivados por los estudios, pronto se dieron cuenta de que en el Centro los querían ayudar a superarse, por lo cual comenzaron a poner mayor empeño en terminar, primero la secundaria, mediante el sistema de secundaria abierta; y después, cursando los 3 años de preparatoria, como cualquier escuela.

“A mí me detuvieron a los dos días, y dije ‘ni modo, ya me agarraron, hay que pagar, yo me metí en esto’. Al principio cuando ingresé me sentía confundido y raro, porque no sabía cómo eran las cosas aquí adentro; pero me adapté luego luego, supe cómo era lo que debía y no debía hacer; sí me costó a veces un poco de trabajo la adaptación en hacer cambios que nunca había hecho […] Me fui dando cuenta de cómo tenía que hacer las cosas, y fui aprovechando las oportunidades que me daban aquí en el Centro, y me di cuenta de que todo lo que hacían era un bien para mí, los deportes, la educación; fui explotando todo eso para tener beneficios hacia mi persona, para mi vida; y pues terminé la secundaria y la prepa, me enfoqué principalmente a que si le echo ganas, que si me porto bien, será en beneficio de mi vida”, platicó Ernesto.

“A los días me agarraron, y cuando recién llegué, el cambio de vida fue bien diferente, no es lo mismo despertar en tu casa, lavarse los dientes, que tu mamá te haga comida; lo primero que vi al despertar fue a otro adolescente con una charola con comida, y pues diciéndome que aquí no había papi ni mami; yo pensé que iba a vivir toda mi vida en un cuartito de 2 por 1.5; desde que caí en el MP, los agentes me empezaron a decir que no sabía lo que había hecho, pero para mí era un orgullo a esa edad, que los de mi barrio pensaran que era el mejor […] Ya después conocí algo que se llama psicología, psiquiatría y el trabajo social, y como estuve mucho tiempo aquí, 4 años, me acostumbré, y pensé que siempre iba a vivir, ya era parte de mi vida.

Ahora que salí, hace 4 meses, pues todo es igual afuera; lo único es que me da gusto ver a los niños que vivían cerca mi casa, que estén estudiando la prepa; y con mi familia, pues no les doy problemas, tampoco nos acercamos mucho, pero sabes que siempre están ahí para apoyar y eso es lo importante”, relató Ricardo.

“Salir del internado no se siente nada, incluso pues, sabemos que hicimos algo malo, pero no podemos cargar con la culpa siempre, la vida sigue; tengo 18 años, ya no soy un niño chiquito, ya asimilo  y analizo las cosas antes de hacerlas”, aseguró Ernesto.

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A un año de terminar su sentencia de 5 años, el juez les concedió la libertad condicionada, que es estudiar una carrera; el rector de la universidad donde están estudiando, de su propia voluntad les ofreció una beca del 100% a los 2 jóvenes, con la condición de que tengan excelentes calificaciones.

“Yo no quería estudiar la prepa al principio, pero después pasó el tiempo y escuché lo de la uni, le eché más ganas y me empecé a perfilar en lo que quería estudiar e investigar más sobre una carrera, hasta que me decidí por la Psicología […] Decidí estudiar eso porque casi toda mi vida he estado rodeado de psicólogos, desde la primaria, en el CITA, el único momento donde no iba con ellos fue cuando empecé a andar en malos pasos y las drogas; y pues, ya me sé más o menos casi todo lo que manejan; y me gustó eso de ayudar a las personas porque yo ya viví algo parecido, y me gustaría enfocarme a la psicología clínica, inclinado a la psiquiatría”, expresó Ernesto.

“A mí me gustaría estar en un juzgado, de poner de mi parte, de saber cómo son las cosas; yo sé que a mi edad puedo lograr hacer muchas cosas, motivar a otros […] Me gustó todo esto porque desde que ingresé aquí, ves los procesos y cómo se hacen las cosas en este asunto”, mencionó el ahora estudiante de Derecho.

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La encargada del Área de Supervisión de medidas de los Adolescentes, Loyda Lozano Romero, comentó que esta es la primera generación que logra el CITA hacer que jóvenes ingresen a estudios universitarios, pero antes de eso llevaron todo un proceso de seguimiento en diversas áreas, como la educativa, trabajo social, psicología, deportiva y familiar.

“Este programa es nuevo, y se logró gracias a las gestiones que se hicieron en la administración de Marcos Covarrubias Villaseñor; la secundaria la terminan por el sistema de Instituto Estatal de Educación para Adultos y la preparatoria es con el sistema de bachillerato Cecyte, como cualquier otra escuela.

Cuando se hizo el convenio con la universidad, del rector salió la propuesta de que, joven que saliera y terminara la preparatoria dentro de CITA, se le iba a dar una beca del 100% en sus estudios. Ahorita sólo son 4 los que lo han aprovechado, ellos 2 en La Paz y otros 2 en Los Cabos. Aquí se les motiva mucho a los muchachos, se les incentiva con becas, tienen sus festejos del día de los estudiantes, se hacen convivencias con otros alumnos de Cecyte, tienen sus uniformes, como cualquier escuela; pero también se les exige que tengan buenas calificaciones”.

Actualmente, la población del Centro es de 19 adolescentes, ya que no todos los delitos cometidos por ellos son sentenciados con el internamiento;los delitos menores, como robo de casa o auto, asaltos, el juez determina que se tiene que pagar el daño solamente.

“Los jóvenes que ingresan al CITA, por lo general son de delitos graves, y éstos llevan un seguimiento después de que se les da sentencia por parte del juez, siendo éste quien determina cómo serán implementadas las medidas, y en su caso, la libertad condicional, que puede ser que tengan que estudiar, ir a pláticas al Centro de Integración Juvenil o trabajar”.


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Javier Coronel
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4 años hace

que padre matar a alguien que trabajo toda su bida, estar 4 años en la carcel y premiarlos con becas y facilitarles la vida… que poca, deberian de hacerse cargo tambien de la familia de la gente que asesinaron.

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