La Paz y sus cuatro fundaciones, a 479 años de distancia

El historiador y cronista de La Paz, Eligio Moisés Coronado, narra la evolución de La Paz a través de sus múltiples fundaciones y nominaciones
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La Paz, Baja California Sur (BCS).- En esta ocasión celebramos 479 años desde la llegada de Hernán Cortés a nuestra ciudad, un 3 de mayo. El historiador Eligio Moisés Coronado, cronista de La Paz, nos habla sobre “la azarosa vida” de este territorio, sus múltiples fundaciones y cómo “todo tiempo pasado no fue mejor”.

Hernán Cortés funda como Santa Cruz una zona inhóspita y agreste. Se elaboró un documento oficial de la corona española y un ritual de fundación para establecer la primera colonia, pero ésta no prosperó y al poco tiempo fue abandonada gracias a la escasez de agua y alimento, las elevadas temperaturas y los pocos sitios para guarecerse.

Fue el 3 octubre de 1596 cuando el comerciante y diplomático militar Sebastián Vizcaíno volvería a la olvidada tierra de Cortés. Vizcaíno era “un tipo inteligente y preparado”, conocido por sus buenas relaciones con los pueblos ajenos a España. Es recordado también por ser el primer embajador de los ibéricos en Japón. Fue bien tratado por los nativos y conocía los viajes de Cortés, sabía que aquel lugar era la Santa Cruz. Sin embargo, gracias a las dotes que recibió en su estancia, según apuntan documentos históricos, cuando dejó el pueblo para volver a la madre patria dijo: “y nos despedimos de este puerto que llamamos de La Paz”, convirtiéndose así en el segundo bautizo de estos lares, sin actos oficiales ni parafernalias, pero con efectos definitivos.

No sería hasta 1683, platica Moisés Coronado, cuando Isidro de Atondo y Antillón, “que para entonces era gobernador de Sinaloa”, llegara a zona Guaycura. Gracias a sus bastos conocimientos de navegación “fue asignado como cosmógrafo”, para después ser conocido como el Padre Eusebio Francisco Kino, que realizó la tercera fundación, llamando esta vez al lugar Real de Nuestra Señora de Guadalupe. Esta expedición sí tuvo graves conflictos y “no prosperó por las dificultades con los indígenas”, así que debieron migrar al norte, a lo que hoy es el municipio de Loreto, estableciéndose en lo que es San Bruno, desde donde inició la conquista misional.

37 años después, en 1720, tendría lugar la cuarta y última fundación. Arribaron Jaime Bravo, Clemente Guillén y el hondureño Juan de Ugarte, “un misionero de mucho empeño”, que “fue el que sembró las vides y las aceitunas en San Javier, un educador notable”. Ese año se retoma el nombre que Sebastián Vizcaíno, que en un acto de gozo otorgara a la que ahora abrazamos como nuestra ciudad, pero haciendo honor también a la Virgen del Pilar. Fue nombrada Nuestra Señora del Pilar de La Paz. La misión prospera por casi 3 lustros, hasta el año de 1734, cuando inició la Rebelión de los Indígenas, que se extendió al año 1736. Un movimiento “ni medianamente organizado” pero que tuvo repercusiones significativas. Para sofocar la revuelta los españoles acudieron a yaquis traídos de Sonora, que robustecieron su ejército. En este lapso de tiempo inició un éxodo a Todos Santos, llevando consigo la imagen de la Virgen del Pilar. De aquí surgen las fiestas de octubre en Todos Santos, las fiestas de Nuestra Señora del Pilar.

Loreto era la capital del territorio sudcaliforniano para ese entonces, pero en el siglo XIX empieza a decaer, pues las minas de San Antonio y El Triunfo hacen que el movimiento económico se concentre en el sur. En La Paz se hayan las aduanas para cobrar impuestos por minerales para las empresas mineras y proliferan negocios, ranchos, asentamientos pesqueros y la venta de perlas. En 1828, aunado a esto, un fuerte temporal azota la ciudad de Loreto y la crecida del arroyo San Thelmo, el mismo que en 2013 causara grandes estragos con la llegada del huracán Ivo, provocó los desastres suficientes para que las autoridades de la época decidieran trasladar la capital del territorio a San Antonio, en el año de 1829, y finalmente a La Paz, en 1830, como ha permanecido hasta nuestros días.

Al terminarse la producción en las minas de San Antonio y El Triunfo, el Valle de Santo Domingo se convirtió en el sustento de la capital. Algodón y trigo salían a toneladas desde lo que hoy es el muelle fiscal, hileras kilométricas de camiones repletos de productos esperaban descargar en los barcos de esos días, pero con la construcción de Puerto San Carlos a mediados del siglo XX, desde donde se exportaba a Europa y Asia sin necesidad de llegar a La Paz, la actividad económica tuvo una fuerte depresión, aunque no duraría demasiado tiempo.

En 1964, directamente de Japón llegó el Transbordador La Paz para que los paceños aprovecharan la “zona libre”. La nave viajaba cargada de fayuca de la capital de la media península a Mazatlán. “La Paz era un hervidero de gente” que llegaba desde el centro del país a aprovechar los productos llegados de ultramar. Almacenes y negocios diversos prosperaron, familias se encumbraron y todo permaneció así hasta 1986, con la llegada del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y de Comercio (GATT), que “liberaliza hacia el interior del país los productos de importación”, terminándose el comercio para muchos y hundiendo el centro de la ciudad en una depresión económica que persiste hasta este momento.

Aquí inicia el enfoque turístico de La Paz, explica finalmente Eligio Moisés Coronado, cuando parecía ya no haber recursos que salvaran la capital. Cabo San Lucas y San José del Cabo, que apenas en 1981 se habían constituido como municipio de Los Cabos, ya seguían ese modelo y empezaban a crecer de manera nunca antes vista. Aprovechando que muchos de los visitantes comerciales y de negocios que se ganó la ciudad durante su auge económico, volvían ahora sólo a disfrutar la tranquilidad de La Paz y sus exóticas playas, gobiernos e iniciativa privada fijaron sus inversiones en el sector turístico. En este momento se busca priorizar la conservación ambiental para explotar nuevas caras del turismo, alejadas de los grandes e invasivos desarrollos y más cercanos a la aventura y la sostenibilidad, y si nos basamos en la experiencia de nuestro historiados, podemos augurar que “lo mejor está por venir”.

 


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