Los burros del PRI: una carrera off road

La “Carrera de Burros Off Road” se realizó el día 30 de abril para conmemorar el día del niño en la capital del estado
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La Paz, Baja California Sur (BCS).-  Las canas de María del Rosario reflejaban el último fulgor de la tarde mientras sostenía los barrotes de la puerta metálica anaranjada de la entrada principal del Estadio “Guaycura”.

Realmente le intrigaba el cobro en un evento del PRI. La decepción por no tener 150 pesos para entrar con dos de sus familiares era visible. ¿Quién se perdería una “Carrera de burros Off Road”? Con las puntas de sus pies al máximo buscaba vencer al maldito muro que se entrometía para vislumbrar un poco de lo que aconteció aquel día del niño, y animarse a desembolsar el dinero con el deseo de que su nieto se ganara un regalo.

“Es que es del PRI, es raro”, comentó con los ojos empecinados en traspasar la pálida pared que bloqueaba el centro del parque de béisbol. Sólo alcanzaba a ver la techumbre roja de la Tecate. “Sí pudiera ver tantito más”, añadió con resignación.

¿Acaso pagaría yo para ingresar? Sí, claro que lo haría. Di parte de mi quincena: cincuenta pesos que equivalen a una hamburguesa y una Coca Cola en mi carrito predilecto en una esquina de la colonia Indeco. Después de cuestionar a la persona que me vendió los boletos sobre el destino de los recursos, y asegurarle unos minutos de salud a mi sistema digestivo en mis manos, poseí el pasaporte que abriría las puertas a tan extraño suceso.

Varias caras jóvenes del PRI se movían con tal rapidez que me sorprendió cuando uno de ellos se acercó a saludar. Ante mi desconocimiento de una carrera de burros (fue la primera vez que presenciaba algo así) le pregunté qué pasaba. ¿Por qué el PRI promovía un acto de esta magnitud, en la que se vendía alcohol en una festividad para infantes? No supo o no quiso responder. Únicamente un “no sé” por respuesta obtuve.  Nada sabía. Ni quién era la del mentado Club Chatitos que solicitó apoyo al PRI, dijo, para la logística.

Una improvisada pista delimitada por llantas enjarrada de blanco, bicicletas rosas a un costado del puesto de venta de cerveza y un puñado de burros completaban la surrealista postal. Un maestro de ceremonia de escaso cabello blancuzco pretendía animar a la gente: los iba a entretener hasta que comenzara la rifa de regalos. A los asnos los rentaron para rayarlos con colores extravagantes, les colocaban sombreros o volantes en el cuello y les dieron nombres que les parecían graciosos como “Doble Curva” o “Caguamo”.

Por supuesto, antes, daría inicio el protocolo de presentación de las figuras del PRI:

«Reciban un saludo de nuestra presidenta Esthela Ponce Beltrán, y los senadores Ricardo Barroso e Isaías González Cuevas. Aquí está todo el priísmo presente para conmemorar un día como éste, porque ellos (los niños) son nuestras futuras felicidades» –  exclamó una de las mujeres en el presídium con la característica calma con la que los políticos discursaban en los años setenta.

Los cuadrúpedos no escondían su nerviosismo. Los golpes en el lomo para avanzar y las jaladas de cola para detenerse molestarían a cualquiera. Los equipos estaban compuestos por un piloto, quien para protegerse usaba un casco de motocicleta o bicicleta, un copiloto (el que manoseaba el trasero o soltaba uno que otro manotazo contra el animal) y un “mecánico”. La dinámica consistió en recorrer la autopista de tierra, esquivando obstáculos de globos rojiblancos. Admito que mientras describo tan pintoresca escena no dejo de relacionar el salto de camello de la tribu Zaraniq en Yemen.

“Unidos por Crecer”, decía la parte de atrás de la camiseta que se entregaron a los presentes y por delante, en grande, el logotipo del PRI.

La verdad no supe quién ganó. ¿Acaso era necesario?


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