Miguel Ángel de la Cueva, el fotógrafo que capturó la esencia de Sierra La Giganta

Aunque ha viajado por el mundo, el fotógrafo aún vive en La Paz
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La Paz, Baja California Sur (BCS). Sin saberlo, Miguel Ángel de la Cueva, había conseguido una reliquia. En un estuche de cuero rígido estaba una cámara fabricada en la época de los sesenta. En cuanto tomó entre sus manos aquella Nikkormart semiautomática, con un lente de 50 milímetros, otro de 80 milímetros y, uno más, de 28 milímetros, comenzó con el aparato mecánico una relación que lo convirtió en uno de los fotógrafos documentales de historia natural más importantes de la entidad.

¿Cómo nace tu necesidad por la fotografía?

 El único antecedente en artes visuales es mi papá, era pintor, no vivímos juntos, pero pinté mucho de niño con el . Siempre me atrajeron las artes visuales,  siempre hubo algo que me atraía. Hay una convergencia muy clara en mi trabajo: de niño, con mi mamá, siempre estaba en convivencia en espacios naturales. Resumo esa etapa feliz en la naturaleza y no fue sino hasta que tenía casi 20 años cuando por una pluma empezó todo.

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Dos años permaneció el elegante estilógrafo en un estante o cajón de su casa, en lugar que en la bolsa de la limpia camisa de algún poderoso empresario.  Tan innecesaria era  que la canjeó por la Nikkormart semiautomática. La pluma fuente se la obsequió su novia de entonces, y permaneció sin uso. Él sospechó que su entonces joven pareja la tomó del despacho de su padre. Por fin, el caro objeto le daba la herramienta que, luego de estudiar Fotografía en Escuela Activa de Fotografía en CuernavacaMorelos, lo embarcaría a la ruta prístina de Baja California Sur: La Paz.

¿El trabajo de qué fotógrafo te influyó?

 Una vez colocaron un poster de Ansel Adams en el recibidor de mi escuela. Hasta la fecha una de mis favoritas. Es una imagen de Haft Dome (es una montaña de granite que asemeja una media cúpula en el valle de Yosemite, California) y está con una luna en ascenso. Me impactó ver dos elementos tan fuertes y me cautivó. Investigué sobre él, me hizo el click, me sedujo y empecé a involucrarme con su trabajo. Entendí muchas cosas, porque me di cuenta que el resultado de su trabajo estético venía de una filosofía personal muy sencilla, era la forma como veía esas cosas, lo que simbólicamente representaban. Cómo una montaña y una luna podían representar valores universales, incluso las vemos y no la terminamos de comprender,  hay un mensaje implicito que nos liga con la universalidad y me di cuenta que era esa pasión y conexión la que le dio lograr ese nivel de intimidad con la naturaleza misma y que hizo que su trabajo fuera  esencial para la conservación de muchas areas naturales en USA, ahora convertidas en parques nacionales, algunos nombrados en su honor.

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Aunque el sinuoso camino para encontrar un estilo propio le ha tomado 15 años de experiencia, y consiguió fotografiar los rincones montañosos más inaccesibles de la entidad. Todo el esfuerzo le valió, en primer lugar, la publicación de su primer libro Oasis de Piedra con textos Bruce Berger, en 2006,  que le mereció la medalla de plata Foreword en  ExpoLibro América NY, en el mismo año, y fue nombrado selección del año por la revista Geotimes ahora Earth Magazine. Recibió también el galardón Rising Star Award del Centro Fotográfico Palm Beach durante su XVI Festival Internacional  FOTOfusión.

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En esa serranía cercenada por el hombre, por ahí, Miguel Ángel manejaba por el lomo de la cuesta de Ligüi. Más que una carretera parecía una víbora negra reptando en las alturas, enredándose en los cerros.  A la mitad del cúmulo de curvas, casi por bajar, se detuvo porque había decido ver el amanecer desde lo más alto. Aún lo recuerda: Logró observar el primer rayo de luz esparciéndose por el Golfo de California iluminando a Sierra La Giganta, y todo en él volvió a conectarse. En esa época, viajaba por el estado como becario de FONCA. Su amor por esa vision lo hizo  regresar una y otra vez para capturar momentos de esas tierras prístinas, tierras en las que apenas las botas del ranchero alcanzaban a pisar, algunas totalmente desconocidas para nosotros.

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Desde entonces su trabajo se concentró en esa región donde  fotografió su patrimonio cultural y natural para su su más reciente libro: La Giganta y Guadalupe, Saberes del Agua , Paisajes de la Esperanza. Parte del material fue utilizado dentro del Estudio Previo Ejecutivo para iniciar el proceso de consulta para decretar un millón 600 mil hectáreas de Sierra La Giganta y Guadalupe como Reserva de la Biosfera. Por 2 años recorrió las cañadas y escarpados cumbres junto a reconocidos científicos como Exequiel Ezcurra.

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Miguel Ángel de la Cueva, quien pertenece a  la Liga Internacional de Fotógrafos por la Conservación (www.ilcp.com), colabora para National Geographic y reside en La Paz. En su carrera documental ha fotografiado la pobreza de Los Garifuna en la Isla de Roatán, Honduras, las implicaciones del nuevo muro fronterizo entre USA y Mexico y la restauración de la Bahía de Chesapeake, considerada la más contaminada de Ámerica.  Viajero internacional. Sin embargo, no puede olvidar aquella ocasión, allá arriba en la cuesta de Ligüi, cuando el sol lo asombró como su mamá lo hacía cuando lo llevaba a espacios naturales que nunca olvidó.

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Miguel Angel de la Cueva Nature and Conservation Photographer

 

 

 


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