Académico denuncia la discriminación que enfrenta en el transporte de La Paz

El renombrado escritor sudcaliforniano continúa siendo objeto de discriminación por parte de chóferes de la ruta que a diario toma; lamentó la insensibilidad del XIV Ayuntamiento de La Paz
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La Paz, Baja California Sur (BCS).  A lo largo de su vida, Ramón Cuéllar Márquez, ha publicado nueve libros, ganó siete concursos literarios y fue director del Instituto Sudcaliforniano de Atención a Personas con Discapacidad; sin embargo, la discriminación continúa siendo un lastre cotidiano para él cuando de transporte público se trata.

Todas las mañanas la odisea para trasladarse a la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) comienza. La primera preocupación que pasa por su cabeza, primer pensamiento después de desayunar y salir a la acera a esperar: “ojalá que no me toque un camión alto”. Nació con un tipo de parálisis cerebral que le provocó una discapacidad motriz que dificulta hacer ciertos movimientos corporales. A veces los choferes se comportan. De manera educada acercan la unidad hasta la banqueta para que no tropiece; en otras ocasiones, simplemente, el conductor está más preocupado por cumplir con el horario de la ruta.

Así sucedió hace unos días. Un colectivo viajaba fuera de su ruta habitual. Ramón vio una oportunidad de llegar más temprano a su trabajo y solicitó la parada. Se detuvo. “Batallé bastante para subirme, y una vez arriba, el chofer no se esperó a que me sentara y arrancó a toda velocidad”, dijo molesto al recordar lo que hizo el conductor, porque le pareció una falta de respeto. Pero eso no fue lo que más le enojó, sino la frase que escupiría después el apurado chofer: “Puta madre, voy bien retrasado, si he visto que era este señor, ni me paro.” Al bajar, quiso tomar la placa para reportar la actitud de la persona. No pudo hacerlo. El vehículo se movió  a toda velocidad y desapareció en el tráfico matutino.

Hoy (02 de junio de 2014), después de olvidar la lamentable experiencia, abordó el camión con dificultades. Un pasajero le ayudó. Al avanzar, frente a la colonia La Fuente, un anciano con bastón le pidió frenar, una vez más la falta de tiempo fue suficiente argumento para no hacer caso a la solicitud del octogenario que vio el humo del mofle alejándose. Estas dos acciones obligaron a Cuéllar Márquez a denunciar en redes sociales ambos atropellos. Señaló las irregularidades en la que los concesionarios del transporte público siguen cometiendo contra este sector vulnerable de la sociedad. Cuestionó al XIV Ayuntamiento de La Paz, conducido por Esthela Ponce Beltrán, el desinterés por esta situación.

Por lo menos, comentó, en Baja California Sur existe 10 mil personas con capacidades diferentes. La entidad cuenta con el Instituto Sudcaliforniano de Atención a Personas con Discapacidad, y uno de los logros de la dependencia estatal fue integrar al Reglamento de Tránsito Vehicular el deber de los concesionarios de instalar un escalón extra para facilitar el uso de las unidades con algún tipo de invalidez física. Tras casi 14 años de lucha, lamentó el estancamiento social sobre el tema. El mismo experimentó lo nada redituable que resulta para los políticos.

“Traté que el Instituto Sudcaliforniano de Atención a Personas con Discapacidad tuviera la misma talla que Instituto Sudcaliforniano de Cultura”. No lo consiguió. En la actualidad la dirección pasó a formar parte de Sistema Estatal de Desarrollo Integral de la Familia (Sedif); “es una pequeña oficinita”. Ni los exgobernadores Leonel Cota Montaño ni Narciso Agúndez Montaño y, mucho menos, Marcos Covarrubias Villaseñor, mandatario estatal, han logrado dotar de un presupuesto digno para operar la instancia de gobierno.

El conflicto interior con el que luchó, superar miedos y enfrentar el estigma social le han valido abrirse paso en el mundo de la literatura, profesión que consideró “su gran amor”. Luego de dos operaciones en Estados Unidos, juntó fuerza y se mudó al Distrito Federal en donde estudió la carrera de Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Por doce años vivió en esa ciudad. Después regresó a la capital en la que nació en 1966. Desde entonces peleó por los derechos de las personas con capacidades diferentes junto a otros como él quienes se han abierto camino entre la discriminación diaria. Lograron cambios importantes en la sociedad, pero no los suficientes.

“Yo no me conozco de otra manera. La gente con parálisis cerebral afectan más a la motricidad. Las personas como nosotros debían enfrentar un mundo en el que no había accesibilidad de ningún tipo, debían quedarse guardados – recalcó – a morir porque tu no eras útil”.


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  • Bien por Ramón pero le añado. Es increíble el estado del transporte público de esta ciudad. Caro, maltrecho, lleno de rutas ilógicas y por si fuera poco, a expensas de los humores de los concesionarios y los chóferes. Pero lo peor no es esto sino que no hay un periodista que haga un reportaje serio y dé pie a motivar a la población en general, discapacitados ( y uso esta palabra porque eso soy no tanto porque no tenga capacidad de moverme en el mundo sino porque todo es cuesta arriba) ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños, estudiantes y [email protected] que encima de soportar vejación tras vejación económica y seguir poniéndole buena cara a la vida, tienen que lidiar con semejante destartalados adefesios. De los políticos ni hablo. Ni siquiera sale a relucir el tema en las campañas. Y de los taxis, menos, los más caros e ineficientes de todo el país. Nomás ten una emergencia y necesita uno. El único lugar en el mundo donde hay que irlos a buscar. Se la viven en la sombra. En fin, que esto llama a hacer movilizaciones y exigir al municipio cambios tanto en infraestructura como en actitudes.

  • Este problema debe ser atacado desde la raíz, a estos señores conductores así los regentean, con la punta del zapato; siempre bajo presión: el problema debería ser arrancado de raíz; puras promesas rotas y omisiones.

    Por otro lado todos nosotros como individuos deberíamos evaluar nuestras acciones, tanto que nos publicitan como personas pacíficas, amables y cálidas; es fácil comprobar la falsedad de estas aseveraciones, basta con ver nuestro comportamiento vial: los choferes no son los únicos desconsiderados y agresivos.

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