Sin datos oficiales de niños autistas en BCS; padres se unen para tratar a sus hijos

El Programa Integral para Niños con Autismo (Piana) ofrece tratamiento conductual para niños y adolescentes con el padecimiento
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La Paz, Baja California Sur (BCS).  El sistema de salud en el estado no cuenta con estadísticas de niños con trastorno del espectro autismo (TEA) y, mucho menos, desarrolla estrategias para atender a los pequeños que lo sufren. David Maldonado lo sabe bien porque su hijo de seis años de edad fue diagnosticado hace cuatro con el síndrome. La falta de instituciones especializadas obligó al padre a conseguir un subsidio federal para crear el Programa Integral para Niños con Autismo (Piana).

Piana nació como una opción para familias que, a veces, pasan desapercibidas y no consiguen la atención adecuada. David Maldonado ideó la manera en la que se creara una interacción de niños y jóvenes con autismo: son 13 actualmente, pero han atendido a 20 en los 24 meses de creación de la organización. Tres fines de semanas al mes, en un salón ubicado en el fraccionamiento El Pescador de la colonia El Calandrio, los padres intercambian experiencias e incentivan la interacción social a través del juego complementando su alimentación.

Cecilia Fisher, socióloga de profesión y apoyo de PIANA, manifiesta las dificultades que enfrentan los pacientes al convertirse en adultos, pues la dificultad de las relaciones sociales se complica. “Son sedentarios […] A veces por no aprenden cosas claves – explicó – como hacer piruetas y no motivan que su cuerpo para aprender movimientos que deberían desarrollar a esa edad porque la interacción con otros niños no se está dando”. Y es que uno de cada 166 mil nacimientos podría ser catalogado como autistas. En La Paz, calculó David, existirían 500 individuos en dichas condiciones, pero no hay forma de confirmarlo.

Los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de discapacidades del desarrollo que pueden causar graves problemas de socialización y comunicación. La interpretación de la realidad de un autista, aseguró David, a través de sus sentidos  tiene un grado de distorsión. Las texturas o el sabor de los alimentos “les causa un shock”.  “Hay personas – dijo – que no soportan el contacto físico o tienen dificultades para procesar el sonido; pueden detectar el parpadeo de las lámparas de luz blanca y les molesta”. El agua y su interacción con el ambiente les resulta sorprenden a los infantes con autismo.  La mayoría se relaja ante el espectáculo natural. Por ello, iniciarán activación física en la playa próximamente.

Para entrar a PIANA no necesita pagar un peso. Profesionistas han comenzado a poner atención al TEA, entre ellos Héctor Zarate, pediatra o la nutrióloga Orquídea Yee. La alimentación es un factor dificultoso que atender en quienes viven con autismo. La obsesión con las formas, sabores o texturas, produce una desnutrición generalizada, o en otros casos, una obesidad muy difícil de combatir.

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