“No somos malvivientes”; el breake dance es una forma de vida

Para ganar algo de dinero, los B-Boys de La Paz cada vez salen más a las esquinas a mostrar su up-rocking, sus footworks y sus power moves
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La Paz, Baja California Sur (BCS).- El breake dance tiene sus orígenes en la Nueva York de los años 70, llamado en ese entonces B-Boying, y se popularizó en la década de los 80 en Europa y Latinoamérica. En La Paz lleva menos de dos lustros bailándose en las calles y ya genera opiniones divergentes. Los puntos más comunes de reunión de breake dancers son los cruces de avenidas en Mariano Abasolo y Gral. Félix Ortega.

Con el fin de conseguir algo de dinero, en las esquinas de la ciudad ya es común ver a bailarines que ofrecen su espectáculo, algunos vienen de diferentes estados, otros tienen familia o estudian e incluso algunos son menores de edad.

Isaac Gastélum Pérez cuenta 21 años y ocho bailando breake dance, es estudiante del séptimo semestre de la carrera en Ingeniería Civil del Instituto Tecnológico de La Paz (ITLP). Debido a su turno quebrado de clases, le es imposible obtener un trabajo de horario regular, explica, por lo que bailar se ha convertido en su principal método “para levantar para el diario”.

“Hay gente que lo mira bien, que me dice ‘qué bueno que hagas algo, mijo, para que no andes robando’, pero hay quienes piensan que todos somos maleantes, pero pues no es así […] Esto te distrae mucho de la loquera y todo ese tipo de rollos que uno agarra en la calles”.

Gerardo Manuel Obregón Duéñez es otro reconocido B-Boy, aunque su historia es un tanto distinta a la de Isaac. Gerardo es carpintero, tiene tres hijos, 30 años de edad y 12 años internado en el up-rocking, los footworks y los power moves. Antes de llegar a la capital sudcaliforniana bailó en ciudades como Monterrey, Distrito Federal, Tijuana, Durango, Morelia, Irapuato y Guadalajara.

“Vi a unos gringos bailando en Puerto Vallarta y me latió, y cuando volví a mi ciudad, León, un día salí de la carpintería, iba en un camión, y los vi bailando en un parque y me bajé y ahí empecé a darle”, cuenta.

Como sus compañeros, asegura que algunos ciudadanos los catalogan como escoria, sin embargo recuerda que simplemente buscan la manera de sobrevivir y sacar adelante a sus familias, ante una situación económica y laboral cada vez más complicada.

“Hay que decirle a la gente que así como ellos tienen necesidad, nosotros también, nosotros lo que sacamos cuando venimos a bailar al semáforo es para la comida, para ayudar a nuestros hijos en la escuela […] No somos malvivientes, simplemente es una forma de vida de nosotros, vivimos el baile y siempre estamos con esa idea, no estamos pensando en drogas o robos, sólo en bailar y no afectar a nadie, nada más”.

Estos breake dancers pasan hasta tres horas al día bajo el sol del verano paceño exponiéndose a ser atropellados, situación que no es poco común, y diversas lesiones de muñeca, codos, rodillas y cuello, sin mencionar los encuentros con la autoridad que en ocasiones son desafortunados.


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