Corrupción: uno de los problemas de las Manifestaciones de Impacto Ambientales

El investigador Rafael Riosmena Rodríguez precisó que se deben profesionalizar los documentos que son ingresados a la Semarnat
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La Paz, Baja California Sur (BCS). Para el investigador Rafael Riosmena Rodríguez, la forma en que las empresas presentan Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) debe cambiar con urgencia porque están llenas de vicios y omisiones que generan un costo al medio ambiente.

El integrante del Departamento de Biología Marina de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), efectuó una plática ante alumnos de la casa de estudios y dio un resumen de las principales problemáticas que los documentos llegan a presentar ante la Dirección de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) de la Semarnat.

“La preocupación por los potenciales impactos de los desarrollos comenzó a darse en los años sesenta pero no fue sino hasta el año 2000 que se comenzó a sistematizar este proceso con el establecimiento de la Dirección General de Impacto Ambiental, órgano que toma las decisiones con respecto de estos proyectos”, explicó.

“De acuerdo al artículo 3° de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente se requiere que el promovente de una obra o actividad a desarrollarse presente un estudio que se denomina Manifestación de Impacto Ambiental, en donde se valore si la obra a desarrollar podría producir algún impacto significativo y, de serlo así, presente forma de evitarlo o atenuarlo”, detalló.

Acusó que la corrupción en la Semarnat es notoria, pues se conocen casos en los que funcionarios públicos trabajan o son dueños de consultorías que elaboran Manifestaciones de Impacto Ambiental.

Tanto Cabo Dorado como Marina Azul La Paz son proyecto, mencionó, que cuentan con una serie de omisiones que más adelante se transforman en beneficios para los desarrolladores inmobiliarios. Por ejemplo, zonas que son áreas de donación para los ayuntamientos gracias al cambio de uso de suelo municipal podría modificarse en el futuro a favor de los inversionistas.

Inclusive recordó cuando Marina Esperanto presento una MIA con información manipulada, “fue desafortunado porque hay corrupción en los datos científicos”.

Las malas prácticas como cambiar solo cambiar el nombre a los proyectos es aún común y dos ejemplos claros son Cabo Dorado o minera Los Cardones que transitaron bajo distintos nombres, pero que fueron cambiados para conseguir una autorización pese a que les fue negada por la autoridad ambiental.

Para profesionalizar la elaboración de Manifestaciones de Impacto Ambiental, el científico recomendó a la Semarnat realizar una serie de talleres y foros de opinión integral y transversal con base en la Comisión de Desarrollo Sustentable que sirven para vigilar el proceso de los proyectos que entran a la dependencia federal.

“Para revisar los procedimientos de la estructura y aspectos del documento con la finalidad de mejorar su efectividad en la preservación, conservación y restauración de ecosistemas y sus servicios ambientales”, precisó.


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