Gonzalo y David: jornaleros, vagabundos, alcohólicos

Gonzalo y David son jornaleros que viven en los mangles del Cet del Mar, uno es de Cuernavaca y el otro de Paso del Macho, son alcohólicos y vagabundos
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La Paz, Baja California Sur (BCS).- Las historias de jornaleros agrícolas desamparados en BCS luego ser engañados en sus estados con la promesa del sueño sudcaliforniano no son pocas, además de que el fenómeno no es nuevo, y un vivo ejemplo es el de Gonzalo y David, que han vivido en La Paz por 20 y por cuatro años, respectivamente, vagando por la ciudad, perdiendo empleos, bebiendo, siendo abusados por la policía y sin la posibilidad de volver a casa.

Gonzalo es de Cuernavaca, estado de Morelos. Su primer encuentro con la media península fue San Quintín, en el rancho agrícola Los Pinos. La promesa era un pago de 300 pesos diarios, recuerda, pero al llegar a los campos después de varios soles de viaje se encontró con la realidad: 50 pesos al día por 12 horas de trabajo “desyerbando”.

No pasó más de un mes en Los Pinos, pues escapó del lugar al no resistir un trato “peor que si estuvieras esclavizado”, asegura, narrando además una de las historias que colmó su resistencia. Recuerda que en una ocasión, mientras trabajaba, fue atacado por una colonia de avispas que lo cegó durante seis días, los cuales no fueron pagados, y de no ser por la asistencia de sus compañeros, señala, hubiese muerto esa temporada.

Deambuló en busca de trabajo para volver a casa, pero una serie de fracasos y encuentros con las personas equivocadas lo estancó en la bebida y, aunque trabajó como mesero, taquero, albañil y herrero, nunca pudo hacerse del dinero suficiente para regresar a la ciudad de la eterna primavera.

“Ya no hay nada que hacer por mí”, dice, “pero que ayuden a los demás, porque está cabrón allá en los campos, te golpean, pasas hambre y te tratan peor que si fueras un pobre perro”.

El caso de David es parecido. Es originario de Paso del Macho, Veracruz, y ex militar. Durante cinco años recorrió todas las sierras del país sirviendo al Ejército Mexicano, hasta que sus rodillas se dañaron y no pudo seguir. Cuando el dolor se volvió insoportable pidió ayuda a la milicia para recibir atención médica, pero al negársela optó por desertar y huir a los Estados Unidos. Pensó que sería perseguido y se escondió en el norte durante cuatro años, hasta que uno de sus hermanos le aseguró que podía volver sin problemas, pues no existía orden alguna de presentación o aprehensión en su contra.

De vuelta en Paso del Macho le informaron que en Mazatlán, Sinaloa podrían hacerle válido el tiempo que sirvió al ejército, logrando cobrar así una remuneración por sus años de servicios. Un día, cuenta, llegaron a su pueblo contratistas que aseguraban tener el trabajo perfecto para muchos en BCS. Se trataba únicamente de pizcar tomates por tres meses y después volver a su tierra, esa era la promesa. Su plan fue trabajar en los campos y acumular algo de efectivo, para de regreso visitar Mazatlán y recuperar su liquidación, sin embargo al llegar a la media península se encontró con que no era temporada de tomates y con que le pagarían tres veces menos de lo prometido. Pasó en los campos dos meses antes de escapar.

Llegó a La Paz lavando carros, y esa fue su perdición, según deja ver, pues la tristeza de estar lejos de casa, sin dinero y engañado, además de hacerse de amistades en la calle, lo llevaron a aceptar “una copita” de vez en cuando, hasta llegar al día de hoy, que bebe antes que comer y se avergüenza por eso.

David explica que hacerse de dinero para volver a Paso del Macho es muy complicado, pues debe gastar todos los días en comida, invertir tiempo para encontrar un techo y luchar contra la tentación de dilapidar sus ahorros en vinos. En una ocasión, recuerda, logró ahorrar 800 pesos y se encontraba a un paso de tomar el Ferry y llegar a Mazatlán. Calculaba que una semana más de lavar carros en La Paz sería suficiente, pero una noche, cerca de Comercial Mexicana, la Policía Municipal lo detuvo para una “revisión de rutina”.

“Me revisaron por todas partes, y como si fueran chilangos me tijerearon en la bolsita secreta del pantalón, esta de aquí, y me sacaron el dinero. Yo no me di cuenta, sino que dijeron ‘nada, está limpio’, se hablaron en clave y se apuraron a irse, hasta le aceleraron, iban en esa panel blanca, eran de esos, y cuando se fueron me revisé y ya no traía nada. Y pues uno se desmotiva, porque fue muy difícil juntar eso, pues, y no he podido juntar otra vez y ya no lavo carros”.

Gonzalo y David aseguran que conocen en La Paz al menos a 50 en su posición, quienes viven en arroyos, manglares y puentes. Ellos, por lo pronto, habitan los mangles contiguos al CET del Mar y se alimentan de los peces que logran pescar con sus manos en la orilla de la playa. Cabe recordar que el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF), a través de su director, Martín González Fiol, ha confesado que no cuentan con un padrón de indigentes en BCS. Casos como el de Gonzalo y David se han hecho de interés en todo México después de que en diarios nacionales se revelara el estado de explotación que viven los jornaleros agrícolas en Sudcalifornia y llegaran incluso al Congreso del Estado para llamar la atención de las autoridades, pedir ayuda.


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  • Es una verdadera pena que existan seres humanos en esta condición y qué rabia e impotencia da el saber que exista gente sin escrúpulos que los explote, los traiga con mentiras y que los abandone así a su suerte, mientras las autoridades conocedoras de la situación tampoco hacen mucho al respecto… porque en los más DESPROTEGIDOS es donde se mide VERDADERAMENTE la calidad humana de una sociedad y así se DEMUESTRA que hemos fallado

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